26 agosto 2008

Crítica


Diego Silveiro establece las coordenadas necesarias, ocultas e imperceptibles de un tramo de costa lucense a través de una serie de bloques pétreos, tallados sin concesiones por este hacedor de formas. Huye de la trampa, de la materia aleatoriamente dispuesta en la Naturaleza en tanto síntoma de perdida de la fe, enfrentando la roca natural con el producto artificial mediante un montaje que pone de manifiesto la banalización de la relación entre lo urbano y el discurso rural/utópico. Silveiro pone en entredicho la invasión urbanisitica, el gigante entramado estructural que desborda la costa a través de sus formas deliberadamente poéticas en un deseo de hacer confluir dos mundos, el primitivismo lucense y la nueva estética del hormigón invasivo como ingredientes absolutos del conflicto contemporáneo.
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¿Qué mareo no?

Diego Silveiro no existe y lo que veis en la fotografía son unos dolos en San Ciprián/San Cibrao, costa de Lugo, que se llevaron hace unos años para servir de contención. Nunca se llegaron a utilizar, y ahí quedaron abandonados, incluso por el monte. La fotografía la tomé el año pasado, me extrañaron muchísimo. Esa crítica por tanto es falsa, sin sentido. He llenado esas diez lienas en cinco minutos y nadie puede negar nada de lo escrito. Bla bla.

Es esa literatura vacua que tanto agobia y secuestra catálogos, libros o críticas de Arte Contemporáneo. Llenar lineas, decir nada, y esperar encontrar a alguien que comprenda algo. Que sea sesuda, muy sesuda. He leído hoy en Babelia una crítica a mi obra favorita de Juan Muñoz The Waste Land que me ha dejado bastante aturdido, palabreria. Hay que poner empeño, releer los párrafos, darle la vuelta, mirar el diccionario, salir a tomar aire, pero nada, no sale. Otra incomprensible y ególatra crítica.

Y ya que estamos, atención a esta otra que también he leído hoy sobre una performance de Ariel Orozco, firmada por Héctor Antón (negritas mías):

"En los disturbios del mayo del 68 francés, los estudiantes arrancaban los adoquines de las calles del Barrio Latino y se los tiraban a la policía gritando la proclama: Debajo de los adoquines, la playa. Este era el símbolo del poder de la libertad contra la rigidez y la censura estatal. Después de sofocada la rebelión, el gobierno regido por el General Charles De Gaulle dictó una ley que prohibía arrancar adoquines de la calle. Otorgándole a la acción la categoría de un delito, esta se castigaba con grandes multas y hasta con la reclusión.

A partir de estos hechos y de que orinar en la vía pública está más o menos prohibido, Ariel extrajo de manera clandestina un adoquín de una avenida de París. Más tarde, llenó el espacio vacío con orina. El resultado es una intervención ilegal donde tanto lo sólido como lo líquido poseen una connotación efímera. Es decir, que el olvido de los abusos del pasado se equipara con la intolerancia del presente. Entre el objeto y la acción, el saldo de la combinación es una escultura como recipiente de la ilegalidad. El mutismo de la obra se revierte en una abstracción política, renuente a la afirmación o negación de la anécdota como pretexto reflexivo.
De la instrucción al objeto incógnito"

Vale.

Me lo haré mirar.

También de El Pais: La Critica de arte y su próxima desaparición
y para compensar en SalonKritiK una crítica muy buena de una Exposición de...Juan Muñoz.

21 agosto 2008

Crónica

Ni idea de la polémica. Cerca de mi casa se ha inaugurado una escultura, bastante grande, serán ocho o nueve metros de alto. De acero oxidado, ese que ponen por todas partes, el mismo que rodea el Parlamento de Galicia con enormes pinchos afilados, esa casa de todos. El mismo que usan en el mobiliario público de tantas plazas, las inauguran el viernes y el lunes ya es viejísima. Vamos que no. Pero no es el tema.

La escultura es un homenaje al Che Guevara. Me la encontré de frente, desde el coche, como una aparición. No sabía nada, una sorpresa hasta que mi hermano me explicó toda la polémica. Soy de Oleiros, el tema de la estatua no me sorprendió. El retrato de Fidel Castro preside el salón de plenos del ayuntamiento, cerca de la calle Karl Marx. Y se vota en el pleno, me parece bien. Tampoco es el tema.

La cuestión es averigar por qué se permite a los políticos decidir que arte le conviene a mi entorno a partir de sus inspiraciones y catarsis interiores "fue en uno de sus frecuentes viajes a la isla caribeña cuando le surgió la idea de crear un monumento de Ernesto Guevara para decorar una plaza pública de Oleiros". Esa plaza pública es una rotonda en la carretera. Se podría haber hecho de otra menera, el resultado es una exageración de ocho metros, sin gusto, que da miedo, rematado con luces de colores discotequeras que la iluminan por la noche.

Definitivamente pienso que se la ha colado el enemigo, decidme si en el fondo no es Aznar con boina:


Aquí la podeis ver mejor.

18 agosto 2008

Play as you go

No jugué demasiado en la calle porque crecí en una huerta en el campo trepando árboles, persiguiendo pájaros y cazando y torturando grillos. Mi madre me daba un bocadillo de mantequilla y azúcar a primera hora y regresaba horas más tarde lleno de tierra y heridas. Soy más de campo que un Land Rover, aún así de haber vivido en la ciudad no me hubiera importado que la hubiese diseñado Bruno Taylor.

Lo he conocido en Pixelsumo, donde explica su preocupación al observar que los niños ya no juegan en los espacios públicos y como reutilizar ese espacio como nuevo marco. Dice más cosas en inglés. Bueno, es un columpio en la parada del bus, pero a mi me ha gustado. Hay días. La idea es sencilla y menos siniestra que los parques que se ven por ahí acotados con vayas doblemente siniestras de tamaños infantiles, carteles con mil prohibiciones a la entrada y columpios separados por edades.





14 agosto 2008

De vuelta

A partir de hoy continuaré actualizando el blog con la mayor regularidad posible, si os apetece os espero!