21 enero 2009

Francisco Papas Fritas volteando Chile

Cinturones y despegamos. 

Tenía ganas de traer por aquí a artistas chilenos, un país especial donde los cuatro puntos cardinales son tres: Norte y Sur. Chile es un pájaro de Brancusi de cobre y arena atacameña que quiere ser moderno pero no se atreve y termina siempre pareciéndose demasiado a si mismo.

El paisaje del arte contemporáneo chileno es limitado con nombres emergentes, o ya no tanto, como Mario Navarro, NicoyKatiushka [volverán por aquí], Norton Maza o In Navarro, el Dan Flavin chileno. Un panorama encorsetado por la Beca Fondart, el dedo institucional que disgrega el Bien del Mal en un páis donde la Ley de Divorcio se aprobó en noviembre de 2004.

En ese embrión estático es muy normal e insólito a la vez que aparezca un tipo como Francisco Papas Fritas [Francisco Tapia Salinas], un subversivo naif a medio camino entre el alumno sin recreo y el militante antiacademicista con una de las crítica más autorizadas de la esquina oeste del cono sur. En un país de cinco mil kilómetros de largo y cuatrocientos de ancho no todo tiene que salir estrecho.

La Isla de Papas Fritas es la instalaciónbarraperformance mediática y subversiva que dispara al Gobierno, al museo donde se expone, otra vez el Gobierno y por supuesto al espectador,  dejando a un país frente al espejo. Y sí, se sirve de un espacio institucional, y sí, después ha vendido en galerías, paradojas incómodas minúsculas si finalmente tanta polémica supera la anécdota y se recuerda como el momento en que se cuestionaron los ciminetos del panorama vertical artístico en Chile. Y del no artístico, también.

(...)Todo por las instalaciones que tiene preparadas en el ala sur del recinto, la que bautizó La Isla de Papas Fritas. Entre ellas, la permuta de una pareja de inmigrantes peruanos como denuncia al trato que se les da en Chile; la instalación El Neo Nazi Chileno, donde una mujer negra cuidará a un perro policial; la subasta del mismo director del Museo, Milan Ivelic; santificar irónicamente a la ministra de Cultura, Paulina Urrutia, en una gruta donde los artistas podrán hacerle ofrendas y pedirle favores. Además de I See Dead People, donde los asistentes podrán darle latigazos al logo del Gobierno de Chile que tiene tatuado al final de la espalda. Nada de poesía, mucho de acción. [Leer +]

Enlaces:
[Nota De toda esta polémica y del artista me enteré en el último número de Lápiz, no publican en internet]

4 comentarios:

  1. franciso papas fritas?lo siento, pero no me gusta
    qué es eso? parece un friki
    puede aprovechar el arte para hacer denuncia...sin dejar de hacer cosas interesantes

    see you!

    ResponderEliminar
  2. el Dan Flavin chileno?
    aargh...!!

    ResponderEliminar
  3. es una expresión de NOXO

    ResponderEliminar