Montaña Tindaya, Fuerteventura, Canarias
Hace ya algo más de diez años Eduardo Chillida confundió una montaña de Fuerteventura con un queso gruyer. Propuso a las autoridades realizar un enorme agujero en la montaña Tindaya, en el muncipio La Oliva, después de tener lo que llamó una intuición utópica, algo parecido a lo que sintieron los hinchas del Athletic antes de la final de Copa. Según el escultor la inspiración llegó tras leer un verso de Jorge Guillén del poema Más allá que dice lo profundo es el aire, al que ya había dedicado alguna escultura.
"Hace años tuve una intuición, que sinceramente creí utópica. Dentro de una montaña crear un espacio interior que pudiera ofrecerse a los hombres de todas las razas y colores, una gran escultura para la tolerancia. Un día surgió la posibilidad de realizar la escultura en Tindaya, en Fuerteventura, la montaña donde la utopía podía ser realidad. La escultura ayudaba a proteger la montaña sagrada. El gran espacio creado dentro de ella no sería visible desde fuera, pero los hombres que penetraran en su corazón verían la luz del sol, de la luna, dentro de una montaña volcada al mar, y al horizonte, inalcanzable, necesario, inexistente…"
El proyecto lo desechó el propio Chillida en 1998 por un motivo bastante comprensible:
"Los ecologistas que se oponen a mi proyecto en Tindaya son un coñazo espantoso"
Todo este tema lo recupero por aquí porque me avisa mi amigo Adrián de que el gobierno canario lo acaba de recuperar (13 años después) porque constituye una referencia necesaria y muy valiosa para canalizar el futuro turístico de Canarias, es un proyecto que se sitúa en la vanguardia de la ingeniería actual: El viernes aprobaron la declaración de impacto ambiental. Este gran negocio se va a llamar Monumento a la Tolerancia y esperan que atraiga a todas esas riadas de turistas. Y a lo mejor entonces nos dicen que decenas de negros llegan en cayuco cada día para visitar la gran montaña perforada. Y a lo peor tragamos.







