18 junio 2010

Jas Ban Ader, en busca de lo milagroso


En el número de junio de ILikeMagazine hay entrevistas a Eli Paperboy Reed, Dr. Dog, Olafur Arnalds, Blacanova, Pollock, Standstill + discos + arte + cine + libros + diseño + extras. Podéis descargarlo aquí en PDF o suscribiros a la edición en papel a través de suscripciones@ilikemagazine.com (10 números 30€). Por mi parte hablo de la expo sobre Jas Ban Ader en el CGAC.

Jas Ban Ader, en busca de lo milagroso


La performance, ese arte. Como todo movimiento la performance tiene sus antecedentes, sus pioneros, sus mitos y sus destroyers, y a uno de esos mitos nos lo presenta la exposición In search of the miraculous: Treinta años después en el CAGC de Santiago de Compostela hasta el próximo 5 de septiembre. 

La performance es ese movimiento artístico fronterizo que carga con todos los prejuicios que sobrevuelan al arte contemporáneo. Porque son raras, grimosas a veces, hartan y sorprenden l y generan una aceptación o rechazo inmediato que nos cuesta superar. Los más neófitos solemos clasificarlas en tres tipos: las performance que molan, las performance coñazo y las performance en las que hay chicas desnudas. Esta exposición del CGAC me ayudó a superar ese absurda clasificación y a acercarme a la figura de uno de los artistas irredentos más celebrados del siglo XX, Bas Jan Ader.

La denominación performance apareció a finales de los 60 en Gran Bretaña y sirvió para unificar una serie de acciones conocidas como “eventos”, “happenings”, “fluxus”, etc. La definición original inglesa es algo compleja, se refiere tanto a actuación como representación, por eso en la traducción al castellano habría que hablar sobre todo de acto, de acción y dejar a un lado la teatralidad. Fue un concepto muy radical, rompió con la idea de la obra de arte como objeto y encontró en lo efímero y lo presente un modelo que chocaba frontalmente con las leyes del mercado, todo se reduce al momento de la ejecución. El artista, sujeto y objeto, realiza una acción limitada por dos problemas y paradojas al mismo tiempo, que son un tiempo irrepetible y un espacio determinado, para crear y construir imágenes a partir de ideas. Dicen que ya pasó de moda, que ya tuvo su momento, pero siguen programándose en galerías, escuelas y museos porque la performance es, ante todo, un campo de experimentación, y mientras sea válido no puede desaparecer. Carajo.

El tipo. Bas Jan Ader formó parte de la primera generación de artistas conceptuales que daban volteretas por Los Angeles a mediados de los sesenta. En la adolescencia estudió en la Academia Rietveld de Amsterdam y más tarde se graduó en Arte en Estados Unidos, donde permaneció la mayor parte de su vida trabajando en la Universidad de California y algunas instituciones más. Este hombre, que se tiró en bicicleta a un canal de Amsterdam y que más tarde se lanzó rodando por el tejado de su casa para arrojar con él ideologías y tradiciones, logró con sus acciones construir una narrativa de la acción basada en la pérdida de control absoluta del actor, cuerpo y pensamiento al servicio de la libertad plena. Probablemente su pieza más popular es un cortometraje grabado en 1970 y titulado I'm too sad to tell you. Tras un breve título aparece el propio Ader llorando y gimiendo bajo los preceptos de la comedia slapstick que implica "exageración de la violencia física excediendo los límites del sentido común", para situar el contenido y la estética en un primer plano conceptual, de la imágen a la idea, muy cercano a lo que también hacía Chris Burden, otro puto amo. Unos tipos que no entendían un arte que no fuese subversión, ironía, y en el caso de Ader, una especie de neoromanticismo dramático muy sensual.

La exposición se centra en un suceso que le ocurrió en 1975 a raíz de un proyecto que tituló In Search of the Miraculous y que consistía en cruzar el Océano Atlántico, desde Cape Cod, Massachussets hasta Falmouth, Inglaterra, en una pequeña embarcación de cuatro metros de eslora llamada Ocean Wave. Podéis llamarlo suicidio, proeza o locura cargada de romanticismo decimonónico de otro holandés errante. A las pocas horas de su partida se perdió el contacto por radio con el bote y diez meses más tarde fue hallada la embarcación sin su tripulante en el Gran Sol, a unas 150 millas de la costa de Irlanda, por un pesquero gallego llamado Eduardo Pondal (es el autor de la letra del chunda chunda de Galicia). Desaparecía el artista de 33 años, pero nacía un mito de la cultura contemporánea. El pesquero remolcó al minúsculo bote hasta la dársena de A Coruña, de donde fue robado más tarde y a mí que me registren. Con el tiempo, y al confirmarse su desaparición, el hermano de Ader fue a vaciar su despacho en la Universidad de California y se encontró con una copia de The Strange Last Voyage of Donald Crowhurst, un testimonio de un tipo que trató de dar la vuelta al mundo en solitario y terminó perdiendo el juicio y la vida, en otro viaje sin retorno sospechosamente inspirador.

La muestra del CGAC presenta materiales inéditos relacionados con él, junto con una selección de obras desde 1967 hasta 1975 entre las que destaca la reconstrucción de la exposición en la que se presentó la primera fase del proyecto In Search of the Miraculous en la galería Claire Copley de Los Angeles en 1975.

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