04 agosto 2010

American Gothic


Grant Wood, American Gothic, 1930. Óleo sobre cartón

Fragmento de Visiones de América, de
Robert Hughes.

A
merican Gothic, junto con la Mona Lisa y la madre de Whistler, es una de las tres pinturas que conocen todos los americanos, si no en vivo si en reproducciones. Un índice de su fama es la cantidad de variaciones sobre la imágen realizadas por dibujantes de tiras cómicas, ilustradores y publicistas a lo largo de los últimos cuarenta años. La pareja en primer plano se ha convertido en pijos modernos, yuppies, hippies, hombres del tiempo, plantadores de marihuana, miembros del Ku Kus Klan, atletas, asiduos de la ópera, los Johnson, los Reagan, los Carter, los Ford, los Nixon, los Clinton y George Wallace con una anciana dama negra, curiosamente, la única pareja que no parece hacer sido transferida jamás a la imágen de Wood con propósitos satíricos es la de Jackie y John Kennedy, posiblemente porque su glamour no encajaba en un contexto tan paleto. También se ha utilizado para anunciar una gama asombrosa de productos y servicios, desde fletes por avión a whisky o productos electrónicos.

Wood no hubiera imaginado que le podría suceder tal cosa a su imagen; ¿Quién hubiera sido capaz? Lo que había pretendido crear era una versión de los ferrotipos de su álbum fotográfico; un icono de los antepasados de Iowa. Hizo que su hermana Nan posara como la mujer, y reclutó a un tal B. H. McKeeby, y un dentista de Cedar Rapids, como modelo del hombre. Los visitió a ambos con ropa de época, de la década de 1890: ella lleva un delantal soble un vestido negro con collar blanco y un broche con camafeo en el cuello- la cabeza que aparece en el broche, de una diosa, contrasta agudamente con la mirada preocupada e inexpresiva de Nan; él viste una camisa sin cuello, abotonada, un mono y una chaqueta negra, y sostiene una horca. Es el padre que defiende la virtud de su no muy agraciada hija frente a cuantos se le acerquen. La horca, herramienta arquetípica de Satán con la que empujaba a las almas al fuego eterno, se convierte aquí en un arma contra el mismo Satán. Se establece una rima entre la horca y los parteluces de la ventana gótica del carpintero, lo que convierte la casa en la sede de la iglesia de la virtud. También es un eco de las costuras del pecho de su mono, que ya no son resplandecientes, ni amenazantes o fálicas sino que se han desgastado y suavizado con el tiempo.

Ningún pintor americano había pintado una imágen con una composción tan deliberada, aunque este hecho no supone un juicio sobre los valores estéticos de American Gothic. Hoy día, uno se inclina a contemplarla, como la mayor parte del resto de la obra de Wood, como un ejercicio de un afeminado furtivo, la expresión de un asensibilidad homosexual tan cautelosa que apeenas si puede manifestarse para burlarse abiertamente de sus temas. ¿Estaba Wood a un paso de reirse de los ciudadanos de Iowa y de sus valores fetichistas de sobriedad, vigilancia moral, patriarcado y todo lo demás?¿O acaso estaba, como han pensado millones de americanos desde que la pintura gano un premio en Chicago en 1930 y se vio catapultada a la fama nacional, elogiando de hecho estas virtudes? La respuesta, en cierto sentido, se encuentra en ambas: el publico masivo se sintió intrigado por la imágen porque no podía decidirse por una u otra, del mismo modo que tampoco podía hacerlo Grant Wood.

1 comentario:

  1. Lectura de verano, cada día una pintura americana comentada por el bravucón de Hughes.

    ResponderEliminar