28 junio 2010

Cómo instalar una obra maestra en 60 segundos

Así de sencillo. No hay robots sofisticados, ni rayos infrarrojos ni atractivas museólogas en bata. Lo descubren y cuelgan entre cuatro empleados y un taladro. Pero lo que más me gusta del vídeo es que casi permite palpar ese morbo de tocar una obra de arte eterna, de saber que se puede romper por un descuido, es decir, el riesgo de modificarla, como si entonces fuese a modificarse la Historia. Se trata de la instalación del Juramento de los Horacios (ver primer comentario) de Jacques-Louis David para la exposición Drama y deseo: los artistas y el teatro en el Museo se Bellas Artes de Ontario. Dicen que cuando el pintor italiano Pompeo Batoni vio el cuadro le dijo a David: tú y yo somos pintores, por lo que hacen los demás, se les puede tirar al río. Siempre habrá artistas egocéntricos y jueces de línea bizcos, aunque le escueza a la prensa inglesa.

18 junio 2010

Jas Ban Ader, en busca de lo milagroso


En el número de junio de ILikeMagazine hay entrevistas a Eli Paperboy Reed, Dr. Dog, Olafur Arnalds, Blacanova, Pollock, Standstill + discos + arte + cine + libros + diseño + extras. Podéis descargarlo aquí en PDF o suscribiros a la edición en papel a través de suscripciones@ilikemagazine.com (10 números 30€). Por mi parte hablo de la expo sobre Jas Ban Ader en el CGAC.

Jas Ban Ader, en busca de lo milagroso


La performance, ese arte. Como todo movimiento la performance tiene sus antecedentes, sus pioneros, sus mitos y sus destroyers, y a uno de esos mitos nos lo presenta la exposición In search of the miraculous: Treinta años después en el CAGC de Santiago de Compostela hasta el próximo 5 de septiembre. 

La performance es ese movimiento artístico fronterizo que carga con todos los prejuicios que sobrevuelan al arte contemporáneo. Porque son raras, grimosas a veces, hartan y sorprenden l y generan una aceptación o rechazo inmediato que nos cuesta superar. Los más neófitos solemos clasificarlas en tres tipos: las performance que molan, las performance coñazo y las performance en las que hay chicas desnudas. Esta exposición del CGAC me ayudó a superar ese absurda clasificación y a acercarme a la figura de uno de los artistas irredentos más celebrados del siglo XX, Bas Jan Ader.

La denominación performance apareció a finales de los 60 en Gran Bretaña y sirvió para unificar una serie de acciones conocidas como “eventos”, “happenings”, “fluxus”, etc. La definición original inglesa es algo compleja, se refiere tanto a actuación como representación, por eso en la traducción al castellano habría que hablar sobre todo de acto, de acción y dejar a un lado la teatralidad. Fue un concepto muy radical, rompió con la idea de la obra de arte como objeto y encontró en lo efímero y lo presente un modelo que chocaba frontalmente con las leyes del mercado, todo se reduce al momento de la ejecución. El artista, sujeto y objeto, realiza una acción limitada por dos problemas y paradojas al mismo tiempo, que son un tiempo irrepetible y un espacio determinado, para crear y construir imágenes a partir de ideas. Dicen que ya pasó de moda, que ya tuvo su momento, pero siguen programándose en galerías, escuelas y museos porque la performance es, ante todo, un campo de experimentación, y mientras sea válido no puede desaparecer. Carajo.

El tipo. Bas Jan Ader formó parte de la primera generación de artistas conceptuales que daban volteretas por Los Angeles a mediados de los sesenta. En la adolescencia estudió en la Academia Rietveld de Amsterdam y más tarde se graduó en Arte en Estados Unidos, donde permaneció la mayor parte de su vida trabajando en la Universidad de California y algunas instituciones más. Este hombre, que se tiró en bicicleta a un canal de Amsterdam y que más tarde se lanzó rodando por el tejado de su casa para arrojar con él ideologías y tradiciones, logró con sus acciones construir una narrativa de la acción basada en la pérdida de control absoluta del actor, cuerpo y pensamiento al servicio de la libertad plena. Probablemente su pieza más popular es un cortometraje grabado en 1970 y titulado I'm too sad to tell you. Tras un breve título aparece el propio Ader llorando y gimiendo bajo los preceptos de la comedia slapstick que implica "exageración de la violencia física excediendo los límites del sentido común", para situar el contenido y la estética en un primer plano conceptual, de la imágen a la idea, muy cercano a lo que también hacía Chris Burden, otro puto amo. Unos tipos que no entendían un arte que no fuese subversión, ironía, y en el caso de Ader, una especie de neoromanticismo dramático muy sensual.

La exposición se centra en un suceso que le ocurrió en 1975 a raíz de un proyecto que tituló In Search of the Miraculous y que consistía en cruzar el Océano Atlántico, desde Cape Cod, Massachussets hasta Falmouth, Inglaterra, en una pequeña embarcación de cuatro metros de eslora llamada Ocean Wave. Podéis llamarlo suicidio, proeza o locura cargada de romanticismo decimonónico de otro holandés errante. A las pocas horas de su partida se perdió el contacto por radio con el bote y diez meses más tarde fue hallada la embarcación sin su tripulante en el Gran Sol, a unas 150 millas de la costa de Irlanda, por un pesquero gallego llamado Eduardo Pondal (es el autor de la letra del chunda chunda de Galicia). Desaparecía el artista de 33 años, pero nacía un mito de la cultura contemporánea. El pesquero remolcó al minúsculo bote hasta la dársena de A Coruña, de donde fue robado más tarde y a mí que me registren. Con el tiempo, y al confirmarse su desaparición, el hermano de Ader fue a vaciar su despacho en la Universidad de California y se encontró con una copia de The Strange Last Voyage of Donald Crowhurst, un testimonio de un tipo que trató de dar la vuelta al mundo en solitario y terminó perdiendo el juicio y la vida, en otro viaje sin retorno sospechosamente inspirador.

La muestra del CGAC presenta materiales inéditos relacionados con él, junto con una selección de obras desde 1967 hasta 1975 entre las que destaca la reconstrucción de la exposición en la que se presentó la primera fase del proyecto In Search of the Miraculous en la galería Claire Copley de Los Angeles en 1975.

15 junio 2010

The show must go on


Noticia leída en Arteselección.com

Los programas de telerealidad, al estilo de ‘Gran Hermano’ o ‘Factor X’, se han convertido en un filón para la mayoría de los canales comerciales, y ya nadie se sorprende de lo que ocurre en ese tipo de espectáculos, en los que el buen gusto es estrictamente prescindible. La última novedad en el sector se llama, un espacio producido por Sarah Jessica Parker en el que 14 artistas compiten para ganar 100.000 dólares y una exposición en el Museo de Brooklyn.

‘Work of art: The next great artist’ se emite cada miércoles por el canal Bravo y permite observar cómo reacciona cada uno de los aspirantes cuando se les desafía a crear una pintura, escultura o fotografía con materiales muy diversos, incluso un montón de basura. La conductora del show es China Chow, una modelo muy conocida en los Estados Unidos, que asegura haber aprendido a dibujar junto a Andy Warhol, Keith Haring, Jean-Michel Basquiat y otros talentos que frecuentaban la casa familiar cuando ellar era una niña. La productora del programa dice en su ficha de presentación que Chow “pasaba la mayoría de los sábados en los museos, con sus padres, lo que inevitablemete la convirtió en una ávida entusiasta del Arte”.

Junto a ella, decidirán el futuro de los concursantes un grupo de expertos en el que se integran el subastador Simon de Pury, el escritor y coleccionista Bill Powers, el crítico del New York Magacine Jerry Saltz y la galerista Jeanne Greenberg Rohatyn. Serán ellos quienes, a través de un proceso de sucesivas eliminaciones determinarán quiés es el ganador final del concurso.

Docenas de cámaras siguen a los concursantes mientras realizan las tareas encomendadas durante la semana y luego se ofrece un resumen de 60 minutos en horario estelar. La productora del programa trata de que esos trabajos resulten “interesantes y originales”, pero, sobre todo, “un reto para los artistas, a fin de ampliar los límites de sus habilidades técnicas y creativas”. Más info en arteselección

11 junio 2010

89 km. hasta el MARCO

89 km.
MARCO Museo de Arco Contemporáneo de Vigo. Tfno: 986113900
Hasta el 19 de septiembre
Comisaria: Virginia Torrente
En el año 2008, la exposición Pasiones privadas, visiones públicas supuso un primer acercamiento desde el MARCO a la historia y el presente del coleccionismo privado en Galicia. Continuando esta línea, y centrándose en esta ocasión en el coleccionismo institucional, la muestra 89 Km. Colección CGAC presenta, por primera vez en Vigo, una selección de la que es, sin duda, la colección de arte contemporáneo más importante de Galicia: los fondos del Centro Galego de Arte Contemporánea.

El CGAC alberga, además de su colección propia, los fondos de la Colección Fundación ARCO, que se encuentra en depósito en el centro gallego. Ambas colecciones son objeto de una relectura llevada a cabo por Virginia Torrente, comisaria independiente, que ha seleccionado un conjunto de piezas en gran parte desconocidas para el público, en una de las posibles y múltiples lecturas que se podrían realizar de esta colección. El título de la muestra, ‘89 Km.’, hace referencia a la distancia existente entre Santiago y Vigo, que durante tres meses se convierte en un recorrido de ida y vuelta para las obras.

La Colección del CGAC cuenta en la actualidad con más de mil obras, y en ella están representados artistas de distintos contextos, con gran diversidad en lo que se refiere a lenguajes y soportes. Esta exposición permite un acercamiento a la colección y, con ello, a la historia del CGAC y del coleccionismo institucional en Galicia, con propuestas artísticas que reflejan los momentos más significativos del panorama artístico. El montaje de las obras en las salas del MARCO se ha estructurado en ejes temáticos, como un relato en seis capítulos.