19 diciembre 2011

Reflejos fragmentados del posmodernismo

 Para ler este texto en galego preme aquí


* Posmodernism. Style and subversion 1970-1990  
  Victoria and Albert Museum, Londres
  12 Libras. Hasta el 15 de enero de 2012

Durante la mañana había nevado y no subió de cuatro grados en todo el día. Llegamos algo tarde porque había una huelga de conductores en la línea Hammersmith. El último cuarto de la exposición lo vimos casi corriendo, como en la película de Godard, y quizá por eso nos saltamos la referencia a New Order que echamos de menos al salir. Every time i see you falling.

En el posmodernismo dicen que cabe el arte, la literatura, la filosofía y Tele5. La exposición en el Victoria & Albert Museum se centra en la vertiente estética y posmaterialista de las últimas décadas. Explora los orígenes del  posmodernismo  y su significado a través del diseño, aplicado sobre todo a la arquitectura, pero también a la moda, las artes gráficas y la artesanía (cerámica), y de su influencia en la cultura popular, sobre todo en el cine y la música. Sin apenas disquisiciones filosóficas.

La definición, se sabe, es complicada y problemática. Y controvertida. Dicen que fue una nueva ventana en un nuevo mundo, la que surgió cuando el modernismo, la tendencia que prevaleció en la cultura visual americana y europea durante buena parte del siglo XX, murió. Han decidido utilizar un marco temporal, de 1970 a 1990. Veinte años en los que los ideales representados por la ortodoxia racionalista de los objetos de la Bauhaus, de los edificios en estilo internacional, de la ropa simple y funcional y de las tipografías claras, fue derrotada por nuevas tendencias expresivas y una nueva permisividad más o menos tolerada. Surgió en ámbitos de estatus y dinero que, contradictoriamente, estaban ahí para desmantelarlo. Abrió un terreno incierto, ambiguo, teatral, teórico, lúdico, lujoso, ruinoso y luminoso. Un poco desolador, un poco desinteresado. Como un reflejo en un espejo roto.

Las salas de la exposición, intencionadamente, apenas están iluminadas, como los clubs malditos ochenteros. Como el Roxy. Y como el Rus, bromeó el otro. También nos acordamos del Bar de los Ron. El atrezzo con columnas clásicas de cinco metros en las primeras salas nos pareció. Entre los más de doscientos cincuenta objetos que vimos, me quedé con los diez que siguen son. Las mayúsculas son etiquetas de Jane Pavitt, una de las comisarias, que ayudan a entender el collage posmodernista. O como se diga.


ZIGURATS (Y GASOLINERAS)

1. Alexandro Mendini, Destrucción de la silla Lassú. 1974



Objeto proyectado, creado y destruido en 1974 por Alexandro Mandini, que además por entonces era editor de la legendaria revista de diseño y arquitectura Casabella y una de las personalidades del Diseño Radical italiano. Mandini toma una silla diseñada por él mismo, de formas muy puras, la coloca sobre unos escalones a modo de trono, de escala precolombina, la baña de gasolina, le prende fuego y toma unas cuantas fotografías del proceso. Como una proclamación, una de ellas es portada de la revista. Un evangelista diría que de lo que ardió renacerá algo nuevo de sus cenizas.


APRENDIENDO DE LAS VEGAS

2. Denis Scott Brown  y Robert Venturi en el desierto de Las Vegas. 1966


Ambos eran arquitectos, estaban casados y eran los socios principales de una firma que hoy tiene su base en Filadelfia. Y antes habían sido profesores en Yale, y solían llevar a sus alumnos a Las Vegas, capital del juego y de la resaca capitalista. Querían mostrarles otra arquitectura diferente al modernismo de acero y cristal vigente por entonces. "Deslumbrados por el sol del desierto y sus signos, los dos amábamos y odiábamos lo que veíamos, sentimos como se despellejaba nuestra piel estética". En 1967, con sus alumnos, escriben Learning from las Vegas, un alegato en favor del poder comunicativo de la arquitectura. Sabían que las Vegas, y la América de autopistas y malls, resultaban abrumadoras, pero era también un exceso que la gente quería aquí y ahora, sin problemas de conciencia. Ese mismo año Bruno Zevi (Saber ver la arquitectura) había escrito que "el que decide abandonar el movimiento moderno puede escoger entre Versailles y Las Vegas". El clasicismo de altos vuelos y la cultura popular no se dieran la mano, pero tuvieron una cita.


PRESENCIA DEL PASADO

3. Charles Moore, Modelo de Piazza Italia, Nueva Orleans 1976-79



En los años 60 y 70 se jugó bastante con estilos arquitectónicos del pasado (clásico), es lo que algunos llaman historicismo. Una tendencia criticada con hostilidad, "pastiches", pero que después de todo, y mejor o peor, es una respuesta estilística plural y desprejuiciada al monolotisimo ortodoxo modernista. Este espacio de Charles Moore, clave de la arquitectura posmodernista, es monumental, excéntrico, grave pero simpático. Pretendía ser un un homenaje de la comunidad italiana local de Nueva Orleans a la ciudad, un espacio abierto compuesto principalmente de neones que se encendían durante la noche, con ornamentos clásicos fragmentados y una fuente central sobre un mapa de Italia que remata el conjunto.  Además de los tres ordenes clásicos, Moore inventó para esta ocasión un nuevo orden que llamo Deli Order, ele ahíEstá en Nueva Orleans y podía estar en el kilómetro 456 de la NVI. Se restauró en 2004 y sobrevivio al Katrina. 

Otro ejemplo similar y formidable del que se pueden ver algunos planos es Le espaces d´Abraxes, en Marne-la-Vallée (1972-82) de Ricardo Boffil, donde tres años más tarde Terry Gilliam rodó Brazil.


COLLAGE

4. Nils-Ole Lund, El futuro de la arquitectura, 1979.



No fue el posmodernismo un movimiento compacto, mas bien un lugar de convergencia entre profesionales con ideas o métodos afines, uno de ellos tan particular y sencillo como cortar y pegar. El collage postmodernista no trata de unificar o sintetizar en un todo las partes, como hacían los modernistas, simplemente pretende abarcar y plasmar, sin más discurso, la diversidad del mundo. Lund hizo unos cuantos collages mostrando paisajes de edificios del final del modernismo en ruinas, decaídos y devorados (reclamados) por la naturaleza.


APOCALYPSE THEN


5. Ridley Scott. Blade Runner, 1982



Tan fascinantes como las ruinas romanas son las que dejó el paisaje postindustrial. Del obejto modernista surgía la utopía y el progreso, del postmodernista la distopía y el punk. Este caos material es parte fundamental de la estética apocalíptica urbana. La mostró como nadie fue Ridley Scott en Blade Runner (1982). La película es una mezcla del estilo futurista mezclado con los años 40 (es del 82, es decir, cuarenta años antes y cuarenta después). En Los Ángeles, en 2019, nos dicen que nuestra identidad es un producto artificial surgido de la publicidad que vemos, de la ciudad en la que vivimos, de la televisión que vemos.


NEW WAVE


6. Grupo Memphis, Portada de la revista Domus, años 80.




Es a principios de los 80 cuando el posmodernismo pasa de la marginalidad a dominar el diseño durante toda la década. Nuevos efectos multiculor, teatralidad acusada, dinero sin complejos  y subversión desganada se muestran sobre todo a través de la música (videoclips) y revistas. Destacan los diseñadores italianos, y en especial dos estudios, Alquimia, y sobre todo más tarde en Milán Memphis, nutrido de una pandilla de enfants terribles liderado por Etore Sotsass Jr. Dieron la vuelta al mundo, cuando costaba dar la vuelta al mundo, a través de la revistas Domus. Una etapa corta e intensa en la que la imágen lo era (casi) todo.


LA POSE

7. Cultur Club, Karma Chameleon, 1983.



Fue una época de bailarines, coreógrafos, directores de arte, estrellas pop, drag queens, fiesteros y clubs. Tomaron drogas, escucharon música y miraron las estrellas. Había en todos ellos un lenguaje de pastiche, de estilos destruidos y reconstruidos por ellos mismos que proporcionaban una apariencia sintética y artificial de la que alardear. Algunos tomaron estos elementos del ámbito del diseño y del arte y lo llevaron a los escenarios públicos, casi siempre con bandas sonoras más o menos optimistas. Ve tú que ahora Boy George.


LAURIE ANDERSON

8. Laurie Anderson le explica a su clon los secretos de la coreografía.


La vertiente feminista. En sus performance mezcló la guerra de sexos, la política americana, el lenguaje, la cultura occidental, y todo eso y más, a través de la poesía, el dibujo, la danza y la música (minimalista). Una parte de su discurso elevó a la condición de teoría general aspectos de la cultura posmodernista. Pocas mujeres han participado en el debate posmodernista, y hay quien dice que es un invento masculino para exluirlas. Dice Habermas en La Posmodernidad que fueron las mujeres las que rechazaron la vieja oposición entre teoría y práctica propia de estos años, la intervención crítica supone una injerencia política.


EL DINERO

9. Andy Warhol, Símbolo del dólar, 1981.


A principios de los 80 Warhol empieza con las serigrafías. Una de las primeras fue este símbolo del dólar gigante. Reconocía así el valor en el mercado de su propia obra, con ironía o sin ella. Fue una década de auge económico y surgió una subcultura artística obsesionada con el dinero y el estatus, pero que moriría bajo su propio peso. En la exposición dice Frederic Jameson, un crítico que se había tomado en serio la superfialidad de Warhol, que aquel encuentro entre arte y dinero fue fatal, "debieron ser declaraciones políticas potentes y no esto, pero no fue así, y no se por qué aún."

Si es verdad que hubo una parte crítica, especialmente en la Inglaterra de Teatcher. Por aquella época se produjeron una serie de pelotazos en Londres con la reconversió de los muelles, y varios artistas, sobre todo Peter Dunn y Loraine Lesson, criticaron aquellas acciones desde la ola posmoderna.


PROTECT ME FROM WHAT I WANT


10. Jenny Holzer, Protect me from what i want, 1985.


En 1985 la artista de Nueva York Jenny Holzer alquiló un espacio en Times Square que normalmente se utilizaba para uso comercial. Lo iluminó con seis palabras "Protect me from what i want", que suena a temazo de Placebo. Ella dijo que era lo que parecía, es decir, una advertencia. La valla está cara a cara con otros carteles asociados a un lujo accesible. Ahí están las temibles, o no, causas y efectos de nuestros deseos.

09 diciembre 2011

The special ones: ¿por qué el arte necesita la mirada crítica del Premio Turner?

Do words have voices, instalación de Martin Boyce, ganadora del Turner.

Esta semana se ha entregado el Premio Turner con la confusión y el ruido habituales. El título de esta entrada lo he tomado de este artículo de Jonathan Jones en The Guardian, que me señaló Ángel de Compostela, y que defiende el premio con ese tipo de verdades simples, y categóricas, de las que es difícil escabullirse. Ahí va la traducción al español:



En una época en la que seguimos a multitud de artistas y glorificamos a lo más ordinario, el Premio Turner selecciona a un puñado de artistas extraordinarios que realmente merecen ese reconocimiento. Uno de los argumentos más fascinantes en el artículo de Charles Saatchi en The Guardian el sábado pasado es su afirmación de que muchas personas en el mundo del arte "simplemente no puede distinguir a un buen artista de otro peor" .

Esto nos lleva a una de las preguntas más interesantes de todo el panorama del arte contemporáneo actual. La misma cuestión que se plantea cada año cuando llega el Premio Turnerque es donde estamos ahora. Que se utiliza para denostar a todo el arte moderno y a los que les gusta, al igual que hace algún pintor Stuckista en una serie de pinturas caracterizandome a mí como su villanoEs mucho más difícil distinguir a las ovejas de las cabras que tratar de identificar lo que vale en el arte de nuestro tiempo. Eso es lo que dice Saatchi que no están haciendo los curadores, críticos, marchantes y coleccionistas. De hecho, él dice que no tienen tanto "ojo" como se les presupone, que sólo fingen que les gusta lo que esperan que les vaya a gustar a los demás.
Es cierto. En un momento dado, hay olas de entusiasmo en el mundo del arte por algunos artistas en particular que van más allá de las cualidades reales del artista. Piensa por un momento en un buen grupo de artistas contemporáneos reconocidos y yo te digo que alrededor del 70% de ellos no son tan buenos. Es lógico. El número de artistas consagrados y reconocidos en Gran Bretaña superan cualquier cifra real de posibles artistas verdaderamente excepcionales en un país en un momento concreto.
Cantidad, no calidad, es la razón de bienales y ferias de arte. Los críticos que visitan la Bienal de Venecia casi siempre aceptan que la gran mayoría de las obras son aburridas y triviales, las ignoran, y saltan sobre las cosas que les gusta. Este año sentí que era una buena Bienal porque me gustaron cinco o seis cosas entre varios cientos para escoger. Y es que realmente el arte es así: de entre los cientos de personas que quieren ser artistas, tienes suerte si uno tiene un talento genuino. Una gran imaginación y la capacidad de traducirla en arte se ve en raras ocasiones, e incluso a los mejores artistas puede que sólo sean verdaderamente bueno por unos pocos años.
La discriminación debe ser la primera regla de la escena del arte, porque no hay valor para nadie si lo glorificamos todo. El trabajo consiste en encontrar lo extraordinario, y apoyarlo.
Es interesante ver la pasión con la que el público de Nueva York respondió a la exposición póstuma de Alexander McQueen en el MetEvidentemente, el mundo de la moda es mucho mejor que el mundo del arte discerniendo el talento real y celebrando a sus estrellas genuinas, y no a los *also-ranEl peor problema en el arte contemporáneo es esta suspensión de las facultades críticas, la disposición cobarde a afirmar que por definición lo nuevo y lo cool es siempre bueno. 
Por eso el premio Turner importa. Es un momento en el que los artistas son juzgados en lugar de agruparlos a todos en un alegre carnaval. Una vez al año, en diciembre, un jurado se sienta en una sala y discute acerca de lo que es verdaderamente bueno en el arte de ese momento. A veces las decisiones me dejan perplejo y me enfurecen. Hacen mucho más daño a los perdedores que ayudan al ganador. Pero el jurado Turner tiene una oportunidad única para resistir a la marea de la moda acrítica y reconocer lo auténtico, a un puñado de artistas originales que de verdad merecen ese aplauso. Espero que el Turner de este año vaya a George Shaw, un verdadero artista si es que alguna vez he visto alguno. Y espero que los desacuerdos de los visitantes que disfruten las obras sean profundos y amargos, porque la crítica apasionada es la única cura para la monótona y triste entrega del arte a lo cool
Según el diccionario Oxford el término nació a finales del siglo XIX para nombrar a los caballos de carreras que no quedaban entre los tres primeros.

02 diciembre 2011

Culturgal 2011 Pontevedra

Culturgala Feira das industrias culturais galegas. Artes escénicas, libro, creación audiovisual, deseño, internet e novas tecnoloxías. A radiografía anual de boa parte da cultura galega, desta vez no Pazo da cultura de Pontevedra e ate o próximo domingo. O PDF do programa aquí.