21 abril 2012

Tres iconos


* Lo que va a continuación es parte de un texto escrito originalmente en gallego para Emprazarte, la página de artes visuales del diario Praza.




(...) El icono es el signo que representa una idea del objeto con el que mantiene relación, dice también el diccionario de la RAG. Es decir, la imagen se convierte en signo, y el referente va a ser el objeto de la realidad a la que remite. La torre Eiffel es un icono de París, Margaret Thatcher es un icono del conservadurismo.

Cuando aterricé hay algo más de un año en Londres llevaba de equipaje muda limpia, el after shave de Mercadona, unos chorizos de Emilio y los Estudios sobre iconoloxía de Panofsky (20 euros en la FNAC). Que estarán desfasados, y que Panofsky es un tostón. Pero pasó una vida pensando sobre el sentido fenoménico de la imagen, la iconología, y sobre la interpretación de su significado, la iconografía. Panofsky nos enseñó a estudiar la obra no solo como un acto estético, también como un hecho histórico, explicando el porqué de las imágenes a través de un contexto. Introdujo una nueva concepción de la Historia del Arte y más allá, una aproximación que supera lo formal, lo estético, y que nos acerca al contenido, al icono. Una revolución que siempre tendrá sitio en la maleta. 

Tres iconos con tres significados que nos cruzamos los últimos días:

Icono 1

Juguemos a utilizar Google Imágenes como un generador de iconos. Introducimos el término Galicia y nos sale el skyline de Compostela desde la Alameda, el hórreo de Carnota, el Castro de Baroña, la ría de Vigo, las Cíes, el Cañón del Sil y las Fragas do Eume. As Fragas do Eume. Icono gallego de actualidad por los incendios, que tuvieron, por cierto, la cobertura más responsable y completa en Praza.

Los Fragas son el lugar donde aprendimos que el escenario natural prevalece sobre todo. El lugar de una parte de los recuerdos más redondos de mi infancia. El parkland gallego. La Galicia mujer con la que coqueteaban los románticos: verde, legendaria, melancólica, natural. Dice Chris Fitter que la sensibilidad del hombre con respecto a la naturaleza es cambiante, y más en Galicia, cabe pensar. Cambios económicos, sociológicos, e ideológicos de difícil digestión. Una de las matrices de percepción sobre el paisaje que establece Fitter es la ecológica, que ve la naturaleza como la sustentadora de nuestras necesidades mateirais, castaños y manzanos ayer, mina de andalucita hoy. Los intereses y sus consecuencias.

Icono 2

El Shard. Es el nuevo rascacielos de Londres, el más alto de la Unión Europea. Financiado por un consorcio establecido en Qatar, es un pretendido icono, temrinado esta semana, para atraer inversión y levantar otra city, ese paraíso fiscal, al sur del Támesis. Londres ha sufrido un ataque, el daño es espantoso y permante dice el crítico Jonathan Jones en The Guardian. El arquitecto es el italiano Renzo Piano. Son 310 metros de altura, 72 pisos, cinco veces la Torre de Hércules. Es una especie de astilla triangular irregular revestida de vidrio que, según la web del propio rascacielos, lleva bajo contenido en hierro para darle una claridad que varía de tonalidad al largo del día. Lo veo todos los días desde mi casa y nunca ocurrió tal milagro, no como cuando te miro a tí. En su entorno el Shard es un elemento anárquico, fuera de toda proporción, en una ciudad en la que nunca se construyó especialmente alto. Es un icono de la permisividad con la riqueza obscena y con poder impuesto, de formas noventeras y desfasadas en una ciudad que pretende liderar la contemporaneidade de comienzos de siglo. Brutalismo producido por la arrogancia del dinero gobernantes por encima de nuestras cabezas. Los intereses y sus consecuencias.

Icono 3

La regata entre Oxford y Cambridge por el Támesis. Llegamos poco antes del comienzo bajo una lluvia fina a la estación de Purtney Bridge, cerca de la salida. La carrera lleva celebrándose ciento cincuenta ediciones consecutivas, excepto durante las dos guerras mundiales. No es un acontecimiento, al contrario de lo que se pueda pensar, que conecte con la mayoría del pueblo inglés. Es una celebración, hermosa y agradable, de parte de la clase alta. Notamos que el punto amateur universitario y poético que más nos atraía se está perdiendo, como se perdió aquella liga del 94, por el asalto de los patrocinadores, los neoprenos con pegatinas y los regatistas hipermusculados. A los diez minutos de comenzar, poco después de pasar por delante de nosotros, tuvo que ser interrumpida porque apareció un nadador en medio del río llamado Trenton Oldfiedl. Este hombre, educado en una de las escuelas más elitistas de Gran Bretaña, declaró más tarde que protestaba porque la regata se ha convertido en un icono del elitismo endogamico que generan esas universidades, las llamadas Oxbridge, y que según él nos llevarán a la tiranía. Apostamos diez libras a Oxford, perdimos, y lo pasamos muy bien. Las pintas y sus consecuencias.

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